24 de enero de 2011. La Hisense Arena despide en pie a una de las sensaciones del torneo. Testigo de esas sorpresas tan características del primer major de la temporada, el público australiano reconoce el mérito de un veinteañero que ha alcanzado una meta meta solamente conocida por los campeones: disputar siete partidos bajo el abrasador sol ‘aussie’. Tras ceder ante un sólido Ferrer -empedernido lector de servicios- en los octavos de final de su segundo Grand Slam, Milos Raonic abandona Melbourne, entre meditabundo y esperanzado, con un pensamiento en la cabeza. ‘’Tengo mucho que aprender del partido de hoy y de estas dos semanas de experiencia. Lo mejor de todo es que no estoy demasiado lejos de este nivel en una base de semana a semana’’.